viernes, 17 de diciembre de 2010

EL TEJO DE ORO DEL DESIERTO.

Atacama, tiene llanos extensos y arenales como cualquier desierto. Sobre estas inmensas planicies pasa un camino, llamado el Inca. Sobre estos habitantes que conquistaron Chile hasta Talca y que nuestra región sometieron a Diaguitas, Molles; se cuentan muchas leyendas.
A los costados del camino del Inca se construían unos tambos o pircas circulares que eran lugares de reposo o descanso del chasqui.
En éste escenario circular se levantaban que rucos y también las “huairas”, hornos para fundir metales.
La leyenda cuenta que existe un gran Tejo de Oro brillante y que sobre él bailaban 100 indios envueltos en rayos luminosos y destellos de enceguecedora luz del sol.
Los minero de la Mina Dulcinea que observaron el fenómenos desde las alturas; nos cuentan que al frente, en ese paisaje inmenso de arenales del cerro “él Medanoso”, brilla sobre la blanca sílice, un gran circulo de fuego y en su interior bailarines contorneados sus luminosos cuerpos que se van apagando como un espejismo maravilloso a medida que el sol se esconde detrás de las montañas.
Quién me contó esta leyenda fue el minero Antonio Aguilar, cateador consumados de los arenales detrás del cerro el plomo. Cada domingo salía con su hermano “el sordo” a cazar viscachas y según ellos a visitar su crianza de chinchillas en el sector del agua de las chinchillas. Una jauría de perros,”guanqueros” y hambrientos los acompañaban. Según ellos, buscaban un gran tejo de oro fundido en el desierto y donde los Incas le rendían tributo al padre sol.
Po mucho tiempo, se habla de una gran tolla o tambo de piedra circular, recubierto de piedra caliza y su enchape superior de oro, donde bailan 100 o más indígenas.
Los grandes arenales que viajan desde la costa y vuelven a la costa en su extenso peregrinar. Todo lo cubren las montañas de colores, los cerros verdes de cobre, los rojos y amarillos de oro, los morados de plata.
Antojo me contaba, que un día en el agua de las Chinchillas, donde armó sus “monos” en una “pirca” circular o “tambillo” de las incas (tipo de habitación que él no tenía porque saber su nombre); escuchó cientos de voces, cantos, gritos, instrumentos musicales. Se levantó lentamente, prendió su lámpara de carburo y enfocó su reluciente pantalla de bronce hacia todos los sectores y no vio nada; pero el canto, el ruido, las voces lo acompañaron hasta que lo venció el sueño, después de una larga tirá de pata por el desierto.

EL YASTAY

Para los que nunca han escuchado hablar del yastay, quiero hacer un paralé en esta historia y quiero llegar a hablar el mismo idioma que ustedes, especialmente en estas muestras de nuestra flora y fauna.

El yastay es un hermoso ejemplar de guanaco, mucho más grande que los otros machos, inclusive que el jefe de una manada que llamamos “relincho”.

El jefe de todos los relinchos es el Yastay.
Ahora si me siento relajado, por decirles que hay mineros que son realmente prodigiosos, donde ellos son los principales protagonistas, contando mentiras, aventuras o historias.
La noche de la mina “Brillante Aurora”, invitaba, con la claridad de nuestro límpido cielo nocturno, a reunirnos al lado fuera del rancho, aspirando el humo de un buen cigarrillo, echábamos a acorrer la imaginación y atentamente escuchábamos al negro García, alias el “Ollito”. Dirigiéndose una mirada burlesca, me preguntó si yo había escuchados hablar del Yastay.Le contesté que había oído hablar de un gran guanaco que se les aparece a los cazadores.

Es verdad que existe, nos dijo el “Ollito”, andábamos de caza en el sector del patón, cuando sobre el cerro bajo, aparición el gigante de las manadas. La manada estaba al fondo de la quebrada, más hacia l derecha estaba el relincho, un poco más pequeño y se movía como de costumbre, de un lado a otro. Mi socio me dijo, “Ollito”, prepara el “Winchester” y le tiré al guanaco más alto que estaba inmóvil.
Pero mi sorpresa fue muy grande, porque al primer disparo, ni se movía y yo juraba que le había dado. Luego otro disparo y otro, pero el Yastay nada. Se vino hacia nosotros de frente y le vimos su cabeza de demonio, con los ojos rojos y lanzando fuego por su hocico. Nos faltaron “patas” para correr hacia los caballos. Montamos y no paramos hasta llegar al campamento. Ahí le contamos al abuelo “colla” el sustito que pasamos y él riendo nos dijo: “Les apareció el Yastay”. Ese demonio aparece con cabeza de diablo, otros lo han visto con la cara de Cristo y también con cabeza de doncella india. Mi padre decía que es el protector de las manadas. Es como el gran jefe de yodos los relinchos, o sea el jefe de todas las manadas y que cuando un cazador ha cumplido su cuota de animales, él no le deja matar más ni un solo más.

Cuentan que es justo y muy inteligente, en una oportunidad, un arriero encontró cerca de su corral unos pequeños guanaquitos heridos, que se salvaron de una criminal balacera con metralletas, él los metió en su corral y los cuidó con esmero, del mismo modo los alimento con la leche de su ganado caprino y cuando estaban totalmente recuperados, los soltó, para verlos libres correr por el campo.

Una mañana, el  Yastay, se le cruzó en el camino al arriero y con su cuerpo lo tapaba por delante del caballo para que lo siguiera. Lo hizo muy cerca del lugar encontró unos animales recién muertos. El Yastay

LA TURQUESA, DONCELLA CELESTE DEL DESIERTO FLORIDO

Cuenta el minero Pedro Alquinta, que en los llanos de Castilla, existen dos cerros maléficos que encierran una suerte de penaduras, apariciones y dónde habitan malos espíritus de las minas.
Desde tiempos remotos han llevado el nombre de “diablo grande” y “diablo chico” de Castilla.
El paisaje que nos rodea, especialmente en época del desierto florido, es maravilloso, perfumado y parejo de flores silvestres y no hay en otra parte de nuestro planeta un jardín tan extenso.
Turquesa, una hermosa niña  que vivía en las alturas de Travesía, junto a su familia de cabreros; tomó el rumbo de los “remolinos” que en Septiembre se levantan como bailarines junto a las “añañucas” y los “lirios”.Con la “alforja” en sus hombros corría entre “cebollines “y “patas de guanacos” cómo una doncella celeste recogiendo la flor que más le llamaba la atención.

La espesa niebla matinal no le impedía avanzar ante los “cactus”.Inmensos” cardones” cuál  centinelas trataban de impedir su avance, cómo señal de que algo podría sucederle.
La princesa celeste, nunca subió sobre éstos cerros, pero sus cabras la obligaron a seguirlas. Cuando la niebla se disipó en las quebradas aledañas un piño de cabras, esperaban a su pastora la que nunca bajó de los maléficos picos.

Cuenta Pedro Alquinta, que el llanto de la princesa celeste, se escucha en las montañas frías del desierto florido, cuando el pasa a la amina cerca de Chañarcillo, y que las lágrimas de la pastora quedaron incrustadas en las rocas del cerro “diablo chico” y “diablo grande” de Castilla.

Hoy ,la más hermosa de las flores del desierto florido,”turquesa”,está petrificada en el mineral semi precioso que existe en el lugar y se extrae para adornar en joyas para hombres y mujeres.

LA NIÑA Y EL COLLA

Siempre me comentaba, el maestro Deza,  que su apellido de origen francés lo había ayudado mucho, para que sus hijas fueran recibidas en la Escuela Belén y que se encontraba muy contento porque la enseñanza era buena y el internado lo ideal, para una persona viuda y con sus hijas a la que sólo podía atender los fines de semana.

Un día, vimos al maestro Deza, muy triste subir al bus que nos llevaba a Coemín, empresa de los señores rumanos y Enami, donde trabajábamos. Casi siempre me invitaba a sentarme a su lado y en esa oportunidad se mantuvo callado durante el largo trayecto. Otro día falló al trabajo, lo que nos llamó poderosamente la atención. El mismo maestro ya no era, se perdió la risa y la talla de su boca.
Cierto día, se acercó a mi bodega y muy preocupado me dijo: quiero contarle a UD., una pena y gran preocupación. Le pido que me apoye, porque estoy como loco. Tengo extraviada a mi hija y han pasado varios días y no aparece. El fotógrafo de la plaza, me ha dicho que vio unas niñas de uniforme de la Belén, conversar con un “Colla” de rostro bien quemado .La otras niñas llegaron al internado ,pero mi hija se quedó conversando con este hombre y no se recogió a la escuela, aunque salió con su bolso desde mi casa con ese rumbo.
El maestro, viajó a cuento punto le indicaron sus amigos durante varios meses. Jamás lo vimos perder la fe en que su hija estaba en algún lugar.
Subí al bus, como de costumbre, en el sector de Santa Elvira y el maestro me invitó a sentarme a su lado, diciéndome que tenía novedades.
Efectivamente, una llamada telefónica desde Potrerillos le indicaban que habían visto a un colla apodado el “ jote” que vino al pueblo a vender queso, charqui de cabra y leña para los que aún no han cambiado sus “piojo” por el calefón y que andaba acompañado de una rubia bien bonita.

Me alegro maestro de esta nueva pista y si en algo puedo ayudarle usted me avisa. Lo único que le puedo decir es que ubiqué a la Reina, a la jefa de los collas,  o sea a doña Damiana y cuéntele que solo busca a su hija, sin venganzas y estoy seguro le pondrá animales y hasta un guía para que ubique a su hija.

Entre contento y preocupado, me contó el maestro Deza que montó un macho y salió detrás del guía subiendo y bajando cerros, pasando de una a otra “majada” y en todas muy bien atendido. El guía le decía que estaba cerca del lugar, pero él encontraba la cordillera interminable. Quedó atrás la vicuña. Agua Amarga y la Coipa, gran centro minero. Creo amigo Alejandro, qué el guía nombro los Colorados, pero eso sí en una quebrada muy escondida, divisamos unos animales amarrados a un corral. Luego se ve venir una mujer montando un burro. Saltó a tierra muy cerca de mí, me abrazó muy calidamente y me dijo que no podía ser, porque estaba embarazada. Entonces tiene que acompañarme, porque este caballero se va a casar con usted, y no actuó de otra forma por lo que  prometí a Doña Damiana. Como se negara a casarse le dije, muy bien, pero el apellido tú se lo vas a dar y cuando nazca el niño, te quiero en Copiapó. Me traje a mi hija, nació el niño a los pocos meses y ahora soy abuelo de una hermosa morena de ojos verde, que lleva el apellido Quispe - Deza