viernes, 17 de diciembre de 2010

LA NIÑA Y EL COLLA

Siempre me comentaba, el maestro Deza,  que su apellido de origen francés lo había ayudado mucho, para que sus hijas fueran recibidas en la Escuela Belén y que se encontraba muy contento porque la enseñanza era buena y el internado lo ideal, para una persona viuda y con sus hijas a la que sólo podía atender los fines de semana.

Un día, vimos al maestro Deza, muy triste subir al bus que nos llevaba a Coemín, empresa de los señores rumanos y Enami, donde trabajábamos. Casi siempre me invitaba a sentarme a su lado y en esa oportunidad se mantuvo callado durante el largo trayecto. Otro día falló al trabajo, lo que nos llamó poderosamente la atención. El mismo maestro ya no era, se perdió la risa y la talla de su boca.
Cierto día, se acercó a mi bodega y muy preocupado me dijo: quiero contarle a UD., una pena y gran preocupación. Le pido que me apoye, porque estoy como loco. Tengo extraviada a mi hija y han pasado varios días y no aparece. El fotógrafo de la plaza, me ha dicho que vio unas niñas de uniforme de la Belén, conversar con un “Colla” de rostro bien quemado .La otras niñas llegaron al internado ,pero mi hija se quedó conversando con este hombre y no se recogió a la escuela, aunque salió con su bolso desde mi casa con ese rumbo.
El maestro, viajó a cuento punto le indicaron sus amigos durante varios meses. Jamás lo vimos perder la fe en que su hija estaba en algún lugar.
Subí al bus, como de costumbre, en el sector de Santa Elvira y el maestro me invitó a sentarme a su lado, diciéndome que tenía novedades.
Efectivamente, una llamada telefónica desde Potrerillos le indicaban que habían visto a un colla apodado el “ jote” que vino al pueblo a vender queso, charqui de cabra y leña para los que aún no han cambiado sus “piojo” por el calefón y que andaba acompañado de una rubia bien bonita.

Me alegro maestro de esta nueva pista y si en algo puedo ayudarle usted me avisa. Lo único que le puedo decir es que ubiqué a la Reina, a la jefa de los collas,  o sea a doña Damiana y cuéntele que solo busca a su hija, sin venganzas y estoy seguro le pondrá animales y hasta un guía para que ubique a su hija.

Entre contento y preocupado, me contó el maestro Deza que montó un macho y salió detrás del guía subiendo y bajando cerros, pasando de una a otra “majada” y en todas muy bien atendido. El guía le decía que estaba cerca del lugar, pero él encontraba la cordillera interminable. Quedó atrás la vicuña. Agua Amarga y la Coipa, gran centro minero. Creo amigo Alejandro, qué el guía nombro los Colorados, pero eso sí en una quebrada muy escondida, divisamos unos animales amarrados a un corral. Luego se ve venir una mujer montando un burro. Saltó a tierra muy cerca de mí, me abrazó muy calidamente y me dijo que no podía ser, porque estaba embarazada. Entonces tiene que acompañarme, porque este caballero se va a casar con usted, y no actuó de otra forma por lo que  prometí a Doña Damiana. Como se negara a casarse le dije, muy bien, pero el apellido tú se lo vas a dar y cuando nazca el niño, te quiero en Copiapó. Me traje a mi hija, nació el niño a los pocos meses y ahora soy abuelo de una hermosa morena de ojos verde, que lleva el apellido Quispe - Deza

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